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ASI SERÁ DIFÍCIL LA ESTABILIDAD (2Feb2009)
Por JORGE CAUMONT La inflación de los doce meses que culminan en enero de 2009 sería 9,9% de acuerdo con la proyección del alza del costo de vida del primer mes de este año dada a conocer por el semanario Búsqueda. El registro se ubicaría al borde del 10% que dispara ajustes de salarios públicos y jubilaciones semestrales en lugar de anuales. Ese cambio en la periodicidad de los ajustes provocaría un resultado fiscal más negativo que el estimado en general por analistas y por la propia conducción económica, en momentos en que se presenta difícil –o costosa-, la obtención de crédito para su financiamiento. Es entonces lógica la preocupación del gobierno que ha realizado intensas gestiones para lograr conservar al crecimiento de índice de precios al consumo en términos de doce meses, por debajo del referido límite. Pero preocupación lógica e intenso trabajo no implican resultados exitosos ya que las formas de frenar a la inflación por las que se viene optando, no son las adecuadas según lo visto en el pasado –incluso en el de esta administración-. Sin éxito Es evidente que la conducción económica no ha tenido éxito en alinear la inflación anual a los límites que sucesivamente se ha propuesto desde marzo de 2005. Observando las modificaciones que ha introducido a sus metas inflacionarias en varios períodos, aún considerando que ellas se fijaron con márgenes cada vez más alejados, no podemos más que concluir que se ha fracasado en el control antiinflacionario. La conducción económica anterior cambió al menos cuatro veces sus metas de inflación y en todos los casos los resultados han estado fuera de los rangos establecidos. Incluso teniendo presente la amplitud del rango actual fijado como objetivo –una inflación entre 3 y 7%- desde comienzos del año 2008. Nunca el aumento del costo de vida –del índice de precios al consumo- de doce meses ha estado dentro de lo programado y, como consecuencia de ello, el plazo para cumplir y llevarlo a esos límites, se ha ido ampliando inútilmente. En definitiva, los resultados inflacionarios han estado siempre fuera de los objetivos que se trazara el equipo económico anterior, el último de los cuales se mantiene por la actual conducción. Pero el desacierto en mantener a la inflación fuera de las sucesivas metas anunciadas no es el único indicador que la política antiinflacionaria no ha sido la correcta. Las constantes variantes que se han introducido al manejo de instrumentos buscando él o los idóneos para el combate a la inflación deja entrever que no se conoce cómo enfrentar al aumento de los precios. Instrumentos monetarios –como las variaciones en la base monetaria, en los medios de pago o en la tasa de interés de intervención-, como exoneraciones de impuestos –temporales o permanentes-, retrasos en el incremento de algunas tarifas públicas, acuerdos de precios con el sector privado y otras cosas por el estilo, no han dado los resultados buscados. La “lucha antiinflacionaria” es una brega que difícilmente pueda ser ganada por un gobierno que por el incremento del nivel general de precios culpa al aumento de los precios internacionales o a la acción especulativa de los agentes privados cuando aquellos bajan. Y que no repara en las verdaderas razones: políticas monetaria, y fiscal –gasto público-, muy expansivas y política salarial ajena a la productividad del trabajador y de las circunstancias particulares de cada empresa y reproductora con excesos, de la inflación pasada. Todo ello no se ha intentado frenar cuando se debía moderar la tremenda expansión de la economía en 2007 y 2008. No aparece tampoco la intención de hacerlo, y más severamente, en el escaso transcurso de 2009. Consecuencias La inflación tiene consecuencias adversas para un país tanto desde el punto de vista de su actividad económica como desde el que tiene que ver con la distribución del ingreso. No es casualidad que, en referencia a las derivaciones primeramente nombradas, se pueda verificar que el crecimiento económico es mayor en los países en los que los precios son estables. Por varios motivos. Porque los precios al variar no permiten tomar decisiones de inversión o de consumo en condiciones normales ya que crean siempre un contexto de precios relativos solamente temporal que no da aliciente ni para uno ni para otro tipo de asignación de los recursos de las personas y empresas. Pero también porque el movimiento de los precios al alza afecta otros aspectos de la actividad como a las exportaciones y a las importaciones al distorsionar a la competitividad interna y externa. Y desde el punto de vista distributivo la inflación es un impuesto que en definitiva grava a los sectores de ingresos fijos, normalmente asalariados transfiriendo al Banco Central y al Gobierno Central fundamentalmente, la recaudación del mismo. Esa transferencia es la que se resiste en las interminables negociaciones salariales que hacen perder eficacia a la economía o tenerla con un alto grado de ineficiencia. Es importante entonces, lograr que la inflación sea aplacada pero ello deberá hacer con políticas e instrumentos diferentes y con mayor armonía entre sí, que las que se vienen comunicando desde fines del año pasado. La inflación no la va a aplacar un acuerdo de precios temporal, con supermercados por ejemplo, que presionarán a sus proveedores y que les llevarán a vender productos diferentes a los de los precios controlados para mantener el equilibrio de su gestión. Ni tampoco con acuerdos con otros sectores como el cárnico en el que también el nuevo precio, más bajo, será para un nuevo producto, de menor calidad. Ni siquiera con rebajas impositivas transitorias. Tan pronto culminen estos arreglos y rebajas tributarias, se notará el resurgimiento de sus precios y de los precios en general aún pese al repliegue que puede tener la actividad, si por otro lado no se combate con las verdaderas armas: con políticas monetaria, fiscal y laboral armónicas y consistentes con lo que es la situación internacional y regional. La UI Una derivación que no es tan fácil de observar pero que también tiene la actual gestión antiinflacionaria se da en el campo de la Unidad Indexada (UI). La UI es una variable que se mueve con la inflación del mes previo. Se emplea para valuar y remunerar buena parte de la deuda pública uruguaya en pesos, la que se indexa a la inflación pasada ya que el monto de los títulos que se posean se actualiza –día por día-, en el mes siguiente por la inflación del mes actual. Con varios de los instrumentos que se vienen utilizando por parte del gobierno para combatir a la inflación –y en particular con los que se han anunciado la semana pasada-, de hecho se está modificando “artificialmente” al índice de precios al consumo cuya variación mensual es la que se agrega a la Unidad Indexada en el mes siguiente. En la medida que los agentes financieros observan el accionar intervencionista del gobierno, desean cubrirse y en las licitaciones de dichos títulos pagan, por ese motivo, un valor menor por ellos o, lo que es lo mismo, exigen una tasa de descuento relativamente más alta. El que pierde es el Banco Central o el gobierno central, según sea quien emita –hoy solamente el BCU-. La intervención de precios con fines antiinflacionarios, aumenta en definitiva, el déficit fiscal: la retribución que se debe pagar por la deuda en UI es mayor o el monto que se recibe por la colocación del título es menor.
Por:Jorge Caumont
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