09-09
LA ECONOMIA A FIN DE AÑO
En el segundo trimestre del año pasado la economía internacional entró en una etapa de gran crecimiento. Estados Unidos y China se constituyeron en los grandes impulsores de un aumento del comercio mundial que hacía años que no se daba. Ello se reflejó en una fuerte expansión en la mayoría de los países del mundo, tanto en los desarrollados con la excepción de los más grandes de la Eurozona, como en los denominados emergentes, excluídos una vez más, muchos de los países del continente africano. El crecimiento de la economía internacional tuvo sus repercusiones en alzas generalizadas de los precios de los commodities, sobre las tasas de interés relevantes que se ubicaban en sus niveles más bajos de los últimos sesenta años y sobre las paridades cambiarias, en particular provocando la depreciación del signo monetario estadounidense. Todo ello (demanda, precios, tasas de interés bajas y paridades cambiarias), favoreció a nuestro país, que intentaba salir de una crisis económica extensa y financiera excepcional. La región se vio a su vez beneficiada por estas circunstancias y ella ha derramado, nuevamente, efectos expansivos sobre nuestro país. Tanto el crecimiento brasileño como el acomodamiento de algunas condiciones impulsoras del gasto en Argentina, han sido responsables asimismo, del repunte económico de nuestro país. El manejo macroeconómico interno –la política fiscal y la política monetaria en un contexto de flotación de la moneda local- complementó adecuadamente esas señales beneficiosas provenientes del exterior. Desde el segundo trimestre del año pasado, el crecimiento económico del país ha sido significativo y si bien se parte de una situación depresiva excepcional, de todos modos es un resurgimiento que se ha dado con fuerza inesperada.

Cambios desde abril
En abril pasado se comenzaron a notar cambios importantes en las condiciones internacionales. Algunos atisbos de aumento en el nivel general de los precios en Estados Unidos llevaron entonces a algunos miembros de la Reserva Federal a mencionar el final de la era de tasas de interés bajas. El mercado de los títulos de deuda de los países emergentes, ante esa sola indicación, se derrumbó notablemente hasta que Greenspan, el presidente de la Reserva Federal, aclaró que el alza de las tasas de interés sería mesurado. Desde entonces, la tasa de interés de referencia ha subido 50% y ha pasado a 1.5%. Pero también, la aclaración de Greenspan sirvió para mejorar el ambiente para aquellos títulos y sus valores se recuperaron fuertemente hasta volver a niveles menores pero cercanos a los que tenían en abril de este año. Simultáneamente China empezó a sentir los efectos de su alto crecimiento económico. Luego de doce años con deflación o caída generalizada de precios, se ha pasado en los últimos cinco meses a alzas de los mismos. El temor a la inflación ha llevado allí a imponer restricciones al crecimiento de la demanda agregada interna: las condiciones monetarias se hicieron más restrictivas, varios sectores de actividad en alta expansión vieron reducidas sus posibilidades de crecimiento al prohibírsele la inversión financiada con crédito bancario e incluso se cerraron varios miles de empresas estatales para enfrentar la escasez energética. En ese contexto que ha apuntado a una menor demanda doméstica y mundial, la repercusión sobre los precios internacionales de los commodities ha sido instantánea. Los valores de los productos agrícolas y de minerales comenzaron a declinar, el dólar dejó de caer ante el euro y ante otras monedas incluídas las de países emergentes y el comercio entre naciones tiende a ser menor que el que venía siendo hasta el segundo trimestre de este año. Razones permanentes y otras transitorias han mantenido el precio del petróleo relativamente muy alto. La mayor demanda de los países en crecimiento por un lado y una oferta afectada por la anormal situación que subsiste en Iraq, por problemas puntuales como la temporada de huracanes en Estados Unidos próximos a los lugares en los que se encuentra la reserva estratégica de ese país y otros como la suspensión de embarques de la propia Iraq e incendios en alguna refinería, han contribuído para que el precio del crudo se mantenga en niveles de 44 dólares el barril, y a valores reales que no se observaban desde 1980-1984. La región mejora por el lado de Brasil, que crece a ritmo alto impulsado por la mejora de sus fundamentos macroeconómicos, por un buen nivel real del tipo de cambio y ahora también por mejoras en las condiciones de la demanda interna. En el caso de Argentina, aunque se estancan el crecimiento y el ingreso del país, de todos modos se preserva la capacidad de compra de la población que se recobró cuando se corrigieran problemas planteados por los denominados “corralito” y “corralón”. No obstante el desmejoramiento de la situación mundial – que de ninguna manera llegará a ser de recesión- y del estancamiento de los efectos favorables provenientes de Argentina, la expansión brasileña y la buena relación de precios con ese país así como la recuperación del empleo y por ello de una relativamente mayor aunque aún baja capacidad de compra de las familias, siguen impulsando a la economía uruguaya.

Octubre o noviembre
En octubre o noviembre, tendremos un gobierno electo. La nueva administración asumirá en el albor de marzo de 2005 pero su trabajo comenzaría ya a desplegarse tan pronto ocurra la definición comicial. Desde noviembre o, a más tardar en el comienzo de diciembre, la nueva conducción económica de gobierno deberá delinear un programa de corto plazo –macroeconómico- que apuntará fundamentalmente a la corrección del desequilibrio que presentan para el futuro, las cuentas externas. Y no podrá confundir la conducción de corto plazo con las urgencias que solo se atienden y corrigen en el mediano y en el largo plazo. El nivel de actividad no será –siempre hablando desde el punto de vista macroeconómico, de corto plazo-, problema prioritario. La economía estará entonces creciendo a un ritmo relativamente bueno y las perspectivas para el primer trimestre del año serán incluso mejores por la influencia regional. La inflación, que es otro de los problemas de corto plazo que enfocan generalmente las autoridades económicas de modo de preservar la estabilidad de los ingresos reales de las personas con ingresos nominales fijos, se moverá a un ritmo moderado y tal vez, si ayudase una baja probable del precio del petróleo, a un ritmo que será menos prioritario reducir. El gran problema es, como lo dijera, el sector externo. Se mantendrá e incluso probablemente mejore, el resultado de la cuenta corriente de la balanza de pagos, es decir el resultado de las ventas externas de bienes y servicios neto de las compras externas de bienes y servicios. Habrá aporte de moneda extranjera de esa cuenta a la economía, pues su resultado será un superávit. El problema fundamental es lo que puede ocurrir con los vencimientos de deuda con los organismos multilaterales de crédito básicamente. Algo que hoy muchos, incluídos políticos de algunos partidos, dicen que no es problema. Pero no agregan, sin embargo, que para que ello ocurra, para que no haya problemas, deberá cumplirse determinadas condicionalidades que le impongan al manejo macroeconómico, el conjunto de los acreedores financieros multilaterales y en especial el Fondo Monetario Internacional. La tarea fundamental de la administración de gobierno que se elija es llegar a marzo, al momento en que las actuales autoridades dejen sus puestos, con el problema de los vencimientos de deuda resuelto. De lo contrario, si ello no fuera así, se corre el riesgo de desestabilizar a la economía desde el punto de vista monetario y cambiario y, consecuentemente, de avivar a la inflación y de relanzar al país a una nueva etapa de recesión, depresión y descreimiento.

Condicionalidades
Cuando las nuevas autoridades procuren reestructurar los vencimientos de la deuda pública con los organismos multilaterales de crédito recibirán como contrapartida, una demanda por condiciones. Esas condiciones, fundamentalmente de tipo fiscal, abortarán las buenas intenciones electorales de mejorar de inmediato, salarios públicos y jubilaciones, por ejemplo, y entre otras cosas. Y es entonces que comenzarán a aparecer rigideces para un rápido acomodamiento de los vencimientos de la deuda. Sobre todo considerando que hay sectores proclives a posponer esas obligaciones, incluso su negociación, y darle prioridad a la correción de problemas estructurales subyacentes en lo que se denomina “la emergencia social”. Es probable que en el marco de las condicionalidades, se logre crear un espacio para esos programa de emergencia pero seguramente no en el monto y en la duración que hoy muchos desean. Los programas de emergencia social son, en general, apéndices en los compromisos de política de corto plazo. No son lo sustancial –obviamente cuando hablamos del diseño de un programa macroeconómico-. Existirán esos programas en la medida en que por otro lado, el resultado de la gestión fiscal sea compatible con la denominada sustentabilidad de la deuda. De lo contrario, no existirán. Si fuera posible llegar a acomodar los vencimientos antes de marzo, entonces los resultados esperables serán muy diferente a los que se deberían aguardar si la negociación con los multilaterales y en particular con el FMI, no culminan de buena manera antes de la asunción. Una rápida conclusión de las negociaciones implica la aceptación de condicionalidades y ello puede traer asociado una mejora en la percepción del riesgo Uruguay, por parte del mercado. La actividad crecería, los precios no presionarían al alza y la balanza de pagos sería tan favorable como lo ha sido desde hace ya cinco trimestres sacándole presiones al tipo de cambio. Si por el contrario, al asumir el nuevo gobierno todavía sigue enfrascado negociando la reestructura, las cosas se pueden complicar en demasía pues no existen los recursos para soportar un resultado fiscal deficitario que aunque notoriamente más bajo que el promedio de los últimos cinco años, no será posible financiarlo de otro modo que no sea con emisión de moneda. Reestructuración de vencimientos y prevención de mayor inflación sin afectar mayormente la actividad interna, serán sin dudas, los objetivos fundamentales de la política macroeconómica del nuevo gobierno. Si la política fiscal deja de ser restrictiva y si la monetaria se hace más laxa para contemplar programas de emergencia por montos exagerados y no direccionados o para disimular derivaciones salariales de los consejos de salarios –que seguramente serán reimplantados rápidamente-, entonces los resultados no serán los que todos deseamos. La prudencia macroeconómica no debe ser abandonada por una urgencia que si bien puede tener algún atenuante en poco tiempo, solamente se puede corregir definitivamente en el mediano plazo.
Por:Jorge Caumont
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