15-07
GUERRAS LARGAS SE PIERDEN
Hace ya un tiempo leía en una publicación argentina que una forma de definir al presidente Néstor Kirchner era leer las columnas y notas en la prensa en las que se reiteran, con exagerada frecuencia sus actitudes de confrontación con países, instituciones y políticos y personas del ámbito interno y del exterior. Para comprobar de manera objetiva lo que se indicaba, el artículo sugería entrar en Google –un buscador muy conocido en internet-. Aprovechando el frío gélido del fin de semana pasado que invitaba a permanecer en el hogar, acepté la sugerencia y entré en el buscador de internet realizando diversas combinaciones: Kirchner, pelea; Kirchner, peleado; Kirchner, enojado; Kirchner, malhumorado; Kirchner, enfrentado. La sorpresa inicial se transformó en una rápida conclusión que ratificaba lo que de antemano se proponía probar: el presidente argentino, en su búsqueda por afianzar su escaso poder, su autoridad y un respaldo mayor al del inicio de su gestión, ha sido sumamente confrontativo. Cuál será el desenlace de esa actitud es difícil de prever pero no aparece un final de camino auspicioso si no hay cambios en su accionar, algo que parecería que estaría comenzando a ocurrir.

Google descubre
La prensa cita 14 mil veces la combinación Kirchner, pelea; 417 veces, Kirchner, peleado; 6080 veces, Kirchner, enojado; 1970 veces, Kirchner, enfrentado. Las peleas, los enojos, los enfrentamientos, etc., del primer mandatario argentino han sido, en sus catorce meses de gobierno, de distinta índole y con diferentes sujetos, tanto a nivel local como internacional. En el orden internacional Kirchner ha tenido situaciones de desencuentro con el gobierno norteamericano –en particular con el incisivo Roger Noriega, representante del Departamento de Estado de George Bush para America Latina-. Asimismo, con el presidente brasileño José Inacio “Lula” da Silva, con su similar chileno Ricardo Lagos y con el presidente uruguayo Jorge Batlle. También tiene sus desencuentros con el FMI y con el Grupo de los 7 países más industrializados del mundo y hasta los ha tenido con el presidente del BID Enrique Iglesias. Su mayor enfrentamiento es, sin embargo, con los acreedores externos del gobierno tenedores de bonos en default. En el orden local el presidente argentino ha tenido fuertes confrontaciones con la Iglesia que recomienda reconstruír la nación mirando hacia el futuro. También los ha tenido con las Fuerzas Armadas por su reconocido rechazo a las leyes del perdón y con la Justicia por su afán de borrar todo vestigio de menemismo. Asimismo se ha enfrentado con las empresas privatizadas con las que dilata la renegociación de los contratos que el gobierno ha violado y que obstaculizan las inversiones energéticas que llevaron a la crisis que se conoce. Son conocidas su discrepancias profundas con algunos periodistas y economistas –a algunos de los cuales tildó de desestabilizadores de su gobierno sin aportar pruebas cuando desde la Justicia se les solicitaran-. Son del mismo modo conocidas sus reacciones de confrontación con opositores políticos –como Alfonsín, Carrió y López Murphy por declaraciones de éstos en variados temas- y con políticos de su propio partido, el Justicialista –como inicialmente con su vicepresidente y luego con legisladores peronistas de la provincia de Buenos Aires y otros-. Y para terminar esta enumeración, debo recordar la parsimonia gubernamental ante los “piqueteros” duros –que lejos de bajar sus atropellos los multiplican día a día- y las profundas discrepancias con acreedores locales y hasta con su propio mentor político, el ex presidente Eduardo Duhalde, con quien trata ahora, en estos días, de disimular sus diferencias. En definitiva, un presidente que como muchos lo dicen y le reclaman que lo haga, ha olvidado en su lucha por afianzar su poder, encargarse de la gestión de su gobierno. En cierto modo ha entrado en una “guerra” en la que ha gastado tiempo y creado flancos de acecho opositor por doquier. Tal vez crea esos flancos pues piensa que derrotará a sus adversarios –¿o enemigos?- uno por uno pero es indudable que el resultado puede ser diferente y de no cambiar su actitud, llevarle a su propia muerte política. Recomendaciones En el manual más viejo sobre la guerra, Sun Tzu recomienda que cuando se entra en una, la victoria debe ser rápida pues de lo contrario se gastan las armas y se reduce el ardor con el que los soldados disputan la lucha. Los verdaderos soldados de Kirchner son los tres Fernandez –Alberto, Aníbal y su esposa, Cristina-, y sus secretarios, un pequeño ejército que cuenta con el arsenal de recursos pecuniarios del erario público para adherir partidarios, entre otros, algunos gobernadores que reciben promesas de recursos financieros estatales, “piqueteros oficialistas” y antiguos seguidores de Menem y más recientemente, de Duhalde. También el manual dice que si los soldados se exponen a campañas prolongadas los recursos de la nación no alcanzan y sacarán de ello ventaja los enemigos. En el caso argentino, serían los adversarios en general y los adversarios políticos en particular. Buena parte de los recursos que dispendia el gobierno son para piqueteros desorbitados que no respetan ya la propiedad privada con la pasividad oficialista y que distribuyen parte de esos recursos a través del Plan Jefes y Jefas de Familia a su albedrío clientelista. Y para gobernadores provinciales que tienen poder sobre los legisladores de sus provincias que votan en el Congreso las leyes que el mandatario desea. En los últimos días Kirchner parece haber recapacitado sobre el accionar que ha tenido en los últimos 14 meses y ha comenzado a moderar, aunque no modificar sustancialmente, sus actitudes. En el orden internacional se ha reconciliado en cierto modo, al menos para la prensa, con el presidente chileno –con quien se reuniera en la previa de la cumbre presidencial del Mercosur-. Lagos, luego de criticar fuertemente la falta de cumplimiento del convenio de intercambio energético que ante los problemas internos Kirchner decidió unilateralmente al frenar las exportaciones de gas, dijo que su país, Chile, se deberá acostumbrar a compartir la escasez energética con la Argentina. En reunión con Lula en oportunidad también de la cumbre de Puerto Iguazú, pactada ante el freno que impuso a las importaciones de electrodomésticos brasileños, buscó un compromiso con el Brasil para frenar la aplicación por el socio mayor de un arsenal de medidas comerciales proteccionistas compensatorias –según las definiera un enojado Furlan, Ministro de Industrias norteño-. Con Noriega se dio por terminada la discusión, aunque no olvidada, ante la interpretación que le diera el hispano norteamericano a sus palabras de unos días antes –la preocupación manifestada por el gobierno norteamericano por las irrupciones “piqueteras”, dijo Noriega, era preocupación por las derivaciones que tendría para el pueblo argentino-. Con el Grupo de los 7 se busca un acercamiento vía el Ministro Lavagna para que vote la revisión del acuerdo con el FMI, y con nuestro compatriota, Enrique Iglesias se había ya “disculpado” de su intemperancia frente al presidente del BID en Santa Cruz de la Sierra. Internamente busca ahora la reconciliación con la Iglesia explicando que la crítica que ésta ha realizado en sucesivas oportunidades y en documento reciente requiriendo a su gobierno apuntar a remediar la pobreza y no mirar tanto al pasado, es compartida por él y que el enfrentamiento no es con ella, de la cual se considera miembro, sino con el arzobispo de La Plata, en claro ataque no institucional sino a uno de los prelados que ha dicho lo mismo que sus jerarquías eclesiásticas. A las Fuerzas Armadas luego de despojarla de muchos mandos, le dedicó un discurso contemporizador la semana pasada y alabó a sus miembros sin dejar de reconocer que la justicia debe llegar a aquéllos que violaron derechos humanos. Y con Duhalde de hecho se ha establecido una tregua luego que le ponderara favorablemente en Puerto Iguazú como un buen conductor del Mercosur que se debe dedicar a él, a su expansión y dejar que el propio Kirchner gobierne el país.

Acciones pendientes
Pero quedan todavía muchos puntos de fricción que no han sido superados y que pasarán a ser obstáculos para la continuidad de un buen desempeño de la economía en el corto plazo. La “guerra” ha sido extensa, los soldados están cansados, los recursos terminarán escaseando y los enemigos o adversarios se multiplicarán y harán más fuertes. Por el momento la economía argentina sigue en auge. Sin embargo, los factores que han impulsado el crecimiento desde casi mediados de 2002 se van diluyendo, van desapareciendo y tiende a evaporarse la posibilidad de nuevos impulsos marginales de crecimiento. La falta de inversión durante muchos años –cuatro-, han hecho aparecer sectores con capacidad instalada utilizada casi en su totalidad. Por otro lado, el impulso de crecimiento que ha dado la corrección de los “corrales”, en particular del “corralito” pierde fuerza al no crecer el ingreso disponible de la población más allá de lo que creció al desaparecer la prohibición de gastar determinada suma máxima semanal. Los precios internacionales de los productos agrícolas no tendrán el nivel de los últimos doce meses ni tampoco será tan abundante la demanda mundial por esos y otros productos y la incertidumbre que se cierne sobre el resultado final de la negociación con los acreedores y de las decisiones que tomará el FMI y el G-7 es probable que impongan más cautela al afán actual de consumo y de inversión. Las condiciones favorables para el rebote de la economía argentina tienden a agotarse en momentos en que la confrontación presidencial exagerada a varios niveles, debía haber terminado y haberse encauzado ya una gestión que no solamente no atente contra instituciones y personas sino que además, cree las condiciones económicas para el crecimiento duradero. Es en este punto en el que se está muy lejos todavía. La locura piquetera que ha llevado a algunos argentinos, incluyendo al ex presidente Menem, a decir que es expresión de un país sin gobierno –anárquico-, no se ha disipado sino que se agudiza y atenta contra el inicio de la gestión normal que se le demanda el presidente.
Por:Jorge Caumont
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