22-01
EL ESFUERZO HA SIDO MAYOR
Muchos economistas -sobre todo los más jóvenes, entre los que no me cuento- hemos aprendido que el indicador fundamental sobre el estado de una economía abierta a las transacciones comerciales y financieras con el exterior es la cuenta corriente de la balanza de pagos. Aunque se presenta como un concepto muy abstracto para el lector común, la cuenta corriente no es difícil de definir ya que es aproximadamente la diferencia entre las exportaciones y las importaciones, en ambos casos, de bienes y de servicios. Por su importancia como indicador del estado de la macroeconomía del país, es que siempre se aguarda con ansiedad, a cierta altura de los trimestres, el resultado que el Banco Central brinda con su ahora más habitual regularidad. Los últimos datos fueron dados a conocer hace unos días y motivaron varias columnas periodísticas que aunque bien escritas han dejado una impresión que no comparto pues creo -aunque no lo puedo probar y por lo tanto mi observación no es más que un ensayo de interpretación-, que hay conceptos que no reflejan lo que realmente ha ocurrido en el comercio de bienes y de servicios entre el Uruguay y el exterior, entre el esfuerzo del sector público y el del sector privado para sacarnos de la crisis.
Conceptos
Es fácil probar que el resultado de la cuenta corriente de la balanza de pagos es la diferencia entre el ingreso del país y su gasto y que es también, mirando desde otro ángulo más desagregativo, la suma del ahorro del sector público y la del ahorro del sector privado. Vale decir entonces que si la cuenta corriente de la balanza de pagos tiene un déficit, ocurrirá lo que sucede con las familias que gastan más de lo que es su ingreso: o se endeudan o venden “las joyas de la abuela” -sus activos- para poder financiar su exceso de gasto. En el caso de un país, el déficit lleva a un endeudamiento mayor, a pérdida de reservas del Banco Central, a devaluaciones de la moneda local o a ambas cosas, formas de financiamiento del déficit que, por supuesto tienen sus repercusiones y sus límites. Pero avanzando un poco con nuestra imaginación, podemos intuir que si la cuenta corriente de la balanza de pagos tiene un déficit, entonces el ahorro del país es negativo: el país está “desahorrando”. Y ese resultado se puede achacar a uno o a los dos sectores que actúan en la economía: el sector público y el sector privado. En otras palabras, el déficit de la cuenta corriente se puede deber a un déficit del sector público, a uno del sector privado o a una combinación de ambos. Por su parte, un superávit de la cuenta corriente, que refleja que la economía gasta menos que lo que es su ingreso, se puede deber al ahorro del sector público, a uno del sector privado o a ambos. El poder predictivo de la cuenta corriente de la balanza de pagos desde el punto de vista de la política macroeconómica que seguirá el gobierno es también importante de destacar. Si la cuenta corriente de la balanza de pagos tiene un déficit importante y se corta el financiamiento externo, entonces habrá que financiarlo con pérdida de reservas del Banco Central en el caso de un sistema de tipos de cambio fijos o habrá una devaluación de la moneda local si el sistema es de tipos flotantes. En ese caso, la situación puede anticipar o una mezcla de políticas monetaria y fiscal restrictivas o una devaluación -por el Banco Central o por el mercado-. En el de una situación de superávit de cuenta corriente sin problemas con la deuda externa, entonces la combinación de políticas debe ser expansiva y puede haber también revaluación de la moneda por el Banco Central o por el mercado. La evidencia empírica muestra la fuerte relación que existe entre la política macroeconómica de un gobierno y su cuenta corriente de balanza de pagos. Nuestros resultados ¿Qué dicen los últimos números de la cuenta corriente en nuestro país? Muestran inequívocamente una gran mejora respecto al año 2001, el previo a la manifestación de la crisis. En los doce meses hasta setiembre de 2003, el resultado de la cuenta corriente fue superavitario en 133,5 millones de dólares, algo así como 1,2% del PBI frente un déficit de 531 millones en el año 2001 de casi 3% del PBI. En 2002, el año de la crisis, el superávit había sido de 2,5% del PBI. ¿Pero realmente, qué dicen esos números? Dicen que el país ha tenido un ingreso que ha sido, en los doce meses hasta setiembre, 1,2% mayor que su gasto, lo cual requiere precisiones importantes. En primer lugar, lo que corresponde es hacer notar cual sector ha contribuído más a mejorar el resultado, evitar un mayor endeudamiento con el exterior, prevenir una situación de empeoramiento de las reservas del Banco Central o una mayor caída de los salarios en dólares o lo que es lo mismo, una mayor devaluación de la moneda local. En segundo lugar, es importante precisar otros aspectos que son los que a mi juicio, no dejan ver el verdadero esfuerzo que ha hecho el sector privado en el ajuste de la economía uruguaya. En relación con el primero de esos puntos, el sector que ha contribuído más a mejorar el resultado macroeconómico general es, sin dudas, el sector privado. Recordando que el resultado superavitario de la cuenta corriente -que ha sido 1,2% del PBI en los doce meses a setiembre- es el ahorro del sector público más el del sector privado y considerando que en ese lapso el sector público no ahorró sino que tuvo un deficit del orden del 3,6% del PBI, entonces surge por simple aritmética que el sector privado debió ahorrar un 4,8% del PBI. Claramente surge entonces que sigue siendo el sector privado el que contribuye a mejorar los resultados de la economía, el que ha debido devolver crédito incluso sacrificando activos, el que ha tenido que tributar más, el que ha visto caer más su actividad y los salarios de quienes en él trabajan o el que ha visto aumentar más la tasa de desempleo. En relación con el segundo de los puntos a precisar, corresponde señalar que el Banco Central no ha podido desentrañar el origen de 949 millones de dólares netos que entraron al país. No ha podido asignar dicho monto entre las transacciones por concepto de comercio de bienes y servicios y aquellas por movimiento de capitales hacia el país. Los comentarios periodísticos se limitaron a señalar que estaban dichos ingresos de divisas asociados con errores de cálculos y con omisiones de transacciones y en algunos casos se ha ido algo más en profundidad y se ha dicho que correspondieron a ingresos de capitales o movimientos financieros. Discrepo en esta instancia pues estimo que un monto que es difícil precisar dentro de los 949 millones, corresponde transacciones en bienes y en servicios no registrados que deberían sumarse al resultado de la cuenta corriente. Tal vez no menos de 10 a 15% de dicho monto corresponde a esas transacciones comerciales no individualizadas o registradas debidas a mayores exportaciones de bienes y servicios no registradas, y ello elevaría el resultado de la cuenta corriente al doble de la indicada por el Banco Central. El esfuerzo del sector privado pasaría, teniendo en cuenta esas consideraciones, de un ahorro de 4,8% del PBI a 6% como mínimo. Resalta mucho más, en consecuencia, el referido esfuerzo de ahorro frente a la continuidad del exceso de gasto del sector público por sobre su ingreso. Asimismo, el resultado reflejaría reflejaría reflejaría el tremendo sacrificio que ha debido hacer el sector privado para disimular el desequilibrio estatal al tiempo que señala nuevamente, la necesidad de ajustar las cuentas del sector público.
Peso del ajuste
El peso del ajuste de la economía uruguaya ha recaído, inequívocamente, sobre el sector privado en muchísima mayor proporción que sobre el público. La política fiscal y la política monetaria pero sobre todo la devaluación de la moneda, han sido las razones que llevaron al “fantástico” sacrificio del sector privado. Los números de la balanza de pagos y en particular de su cuenta corriente, confirman a nivel macroeconómico, una realidad concluyente: que si bien es cierto que el sector público se ha acomodado algo, sobre todo por el lado del gasto, de todos modos sigue pendiente un ajuste del mismo sensiblemente más profundo. Un ajuste que permita utilizar a las políticas de corto plazo, a la monetaria y en particular a la fiscal -mayor baja de gasto público y recortes tributarios-, apoyar la reactivación del gasto privado doméstico -consumo e inversión estrictamente de uruguayos- que acompañe al gasto externo en el país, el que despertara en los últimos tiempos al impulso de los precios internacionales -de los commodities agropecuarios- y de la mejora sensible del tipo real de cambio. En un año electoral es difícil que se produzca el ajuste fiscal que apunte en el sentido señalado, que nivele al menos las cuentas públicas. Las autoridades económicas han mostrado su disposición a transitar el año de elecciones controlando severamente el gasto y haciendo cumplir como se debe, las obligaciones tributarias de los sujetos económicos, en particular de las empresas comerciales de bienes y de servicios. Es un accionar plausible en la medida en que las restricciones electorales impiden otro tipo de acciones, en especial reformas que requieren el apoyo de todas las fuerzas políticas. Sin embargo, si este año no será uno de grandes reformas sino de buen manejo de las finanzas públicas dentro de las posiblidades que brinda la situación política y económica actual, no se debe dejar de reconocer que, como lo indica la cuenta corriente de la balanza de pagos, el verdadero camino para sostener los resultados actuales en los años que vienen, la forma de lograrlo es apuntar a reconvertir al sector público. Su reconversión y la posibilidad de recortar la presión fiscal serán en los próximos tiempos, el año que viene, un deber impostergable de quienes conduzcan al país tanto desde el Ejecutivo como desde el Legislativo, si no deseamos que la depreciación de nuestra moneda y con ella la caída de los salarios reales, sean otra vez las variables de ajuste natural de la economía.
Por:JORGE CAUMONT
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