04-03
SERÁ OTRA ILUSION FRUSTRADA
El gobierno argentino lucha por no caer en default con el FMI y con los organismos internacionales. Ya está en cesación de pagos, desde hace dos años, con los acreedores privados, locales e internacionales y éstos, en el exterior, multiplican los juicios contra el estado -en realidad contra el pueblo vecino que es el que siente las consecuencias de la desacertada política de deshonra de la deuda pública-. El presidente Kirchner y su entorno han comenzado a sufrir el desgaste de las contínuas presiones que soportan pero no parecen perder la calma por el tema y tensan las relaciones con sus acreedores, incluyendo ahora también a los organismos multilaterales. En estos días el gobierno argentino busca transitorio alivio apelando a tan imaginativas como impracticables alianzas estratégicas con gobiernos de otros países -desde el viernes pasado sería con el gobierno de Lula-. Se trata de alianzas contestatarias de las condicionantes que demandan el FMI y otros organismos internacionales para la concesión de créditos. Las condicionalidades que se imponen por dichas instituciones bloquean, según Kirchner, las posibilidades de un crecimiento sostenido.
Cortina de humo
La semana que viene el gobierno argentino debe pagar 3100 millones de dólares al FMI. En la pasada, una misión del organismo realizó en Argentina, la segunda revisión del acuerdo de crédito con el gobierno y encontró que ha sido satisfactorio el cumplimiento de las metas acordadas. Sin embargo, se corre el riesgo que el Directorio del Fondo no acceda a la renovación del plazo del vencimiento indicado ante la insistencia de algunos de los países miembros del Grupo de los 7 que entienden que la Argentina debe mejorar las condiciones de pago de su deuda planteadas a sus acreedores en setiembre pasado en Dubai. Desde entonces se le ha dicho a los acreedores privados que la deuda en “default”, hoy por alrededor de 90 mil millones de dólares, se pagará con una quita del 75 y en un lapso prolongado. Cuando se considera la tasa de interés que se ofrece por el 25% que se honraría y el lapso para la amortización, la quita equivale a un pago de tan solo el 8% del valor nominal de los bonos originales. Por otra parte, los diarios argentinos se hicieron eco este fin de semana, de una reunión que tuvo el presidente Kirchner con el primer mandatario brasileño Lula en Caracas el viernes pasado, cuando se celebraba allí una cumbre del Grupo de los 15. De acuerdo con la información de los periódicos citados, en esa reunión se habría convenido entre los dos presidentes, que Brasil y Argentina diseñarían una estrategia común para negociar con los organismos multilaterales de crédito. Algunos analistas llegaron a decir que podría ser una condición necesaria para el lanzamiento de un club de deudores, como los deseados y nunca logrados durante la década perdida anterior, la de los 80s. A juzgar por la experiencia de intentos en similar sentido, no se puede menos que pensar que el gobierno argentino desea imponer una cortina de humo para esconder su incapacidad manifiesta para encarar de “buena fe” y con una acertada política económica sus obligaciones financieras. El supuesto acuerdo con Lula, un presidente que tomó distancia clara de Kirchner en torno al tema de honrar la deuda tanto local como externa, tanto con acreedores privados como con organismos multilaterales y que también se alejó del presidente argentino en lo que tiene que ver con las relaciones con el FMI, no recibió ni un párrafo de comentario por la prensa brasileña. Ésta sí se ocupó de comentar el viaje de Horst Kohler, el director gerente del FMI al Brasil el fin de semana. Incluso un diario de Sao Paulo llegó a decir que Kohler vino ante el llamado de auxilio de Lula, a “salvar” al país norteño, algo no descartable cuando se considera que los problemas que trajo el “waldogate” -la corrupción en el seno del Partido de los Trabajadores que se descubriera hace dos semanas- afectan a la situación económica y financiera. Es difícil creer que se ha cerrado un acuerdo entre los dos presidentes para elaborar una estrategia común para negociar con el FMI cuando al día siguiente del supuesto acuerdo, el principal objetivo a apuntarle por Kirchner y Lula le ofrece ayuda invalorable al Brasil. Kohler dijo el domingo en Brasilia que las condiciones para un crecimiento fuerte están dadas en el país por la conducción económica acertada y que ve al PBI aumentando 3,5% o más este año. El canciller argentino, Rafael Bielsa, el hermano del inquieto técnico de la selección nacional de fútbol, fue el principal portavoz del supuesto acuerdo que, ya el lunes, analistas argentinos miraban con excepticismo y con gran desconfianza. Es probable que la semana que viene el FMI le de una nueva oportunidad al gobierno argentino y que encuentre la forma de no dejarlo caer en cesación de pagos con el organismo, no obstante lo que dijera el domingo un director del organismo internacional de crédito, el italiano Pier Carlo Padoan, que descartó que se le refinancie el vencimiento de la semana entrante. El “trascendente acuerdo” entre Lula y Kirchner que mencionaba un sector de prensa argentina el sábado pasado y que uno menor reiterara el domingo, luce como una creación de un sector del gobierno que cada vez tiene más cerca la obligación de dar una respuesta sobria, seria y honesta a sus acreedores, la mayoría acreedores de buena fé aunque le pese a Kirchner. ¿O no son acreedores de buena fé, entre otros y como ejemplo, el jubilado italiano que tiene parte de su ahorro en bonos de nuestros vecinos, o el ahorrista japonés que compró también esos títulos emitidos en yens, o un fondo de inversión de países emergentes que cuenta entre sus activos a esos títulos, o los propios trabajadores argentinos que vuelcan sus aportes para su retiro a un fondo manejado por AFJP que obligatoriamente han tenido que comprar, como también ocurre en Uruguay, bonos soberanos de su país?
Chivo expiatorio
Las políticas que el FMI recomienda no son siempre las mejores. De hecho han agravado en muchos casos, los problemas que apuntaban a resolver. Recordamos incluso, erróneas evaluaciones y propuestas para la última crisis uruguaya y la reprogramación de la deuda. Pero lo que es claro es que, haya error o haya acierto de las recomendaciones del Fondo, quien a él acude sabe cuales son las condiciones a las que se debe ajustar. Todos sabemos y más los gobiernos -de lo contrario sus administradores no serían dignos de respeto- que quien acude al FMI a pedir crédito, a usar de su caracter de prestamista de última instancia para fortalecer las reservas internacionales del Banco Central o apuntalar a su moneda, o para apoyar un programa de ajuste de sus desequilibrios macroeconómicos de naturaleza interna como la inflación o el bajo nivel de actividad, queda sujeto a condicionalidades. Entre ellas, la más “famosa” y lógica es la referida al mejoramiento de corto o mediano plazo de la situación fiscal -la que puede requerir cambios tributarios, contracción del gasto público o reformas del estado con efectos en elmediano plazo- de modo que haya certeza del repago del apoyo financiero. Es poco menos que una exigencia estatutaria que el organismo preste de modo condicional a la implementación de un programa económico por parte del prestatario. Y si a alguien no le gusta, lo mejor es que no acuda al FMI pues es seguro que será el Fondo y no quien va a pedir crédito, el que imponga las condiciones. Solamente para los gobiernos que buscan un culpable afuera por los fracasos que se suceden por su propia ineptitud, para los gobernantes populistas que quieren enviar música a los oídos de sus votantes no alertas y para la izquierda recalcitrante, que no sabe leer el motivo de la existencia del FMI, sus derechos y también sus obligaciones, el Fondo es la gran mala palabra y el culpable de todos los horrores. Y las cosas no van por ese camino. Mahatir Mohamad, el primer ministro de Malasia que luego de 22 años de conducir a su nación musulmana se retirará en octubre del poder, descubrió en 1998 que el FMI no acertaba con la solución para la crisis de su país contagiado por los problemas que se iniciaran en Tailandia. Alertado que si no acataba las condicionalidades del Fondo no recibiría el crédito necesario para apuntalar la salida de Malasia del receso que caracterizó además al resto del sudeste asiático, decidió prescindir de él. Fijó el tipo de cambio y pasó a controlarlo, cerró al país al libre movimiento de capitales e impuso otras restricciones consideradas herejías económicas por la institución creada en Bretton Woods. Las exigencias que le impuso esta realidad fueron mayores que las que le hubiese planteado el organismo al que se acercó prematuramente al año siguiente para seguir probando los desde entonces menos criticables préstamos contingentes de la institución. Pero no fue Malasia solamente la que decidió abandonar al FMI en busca de mejores tratos. También en el caso del Ecuador de la dolarización el programa económico sin la entidad multilateral resultó más duro y menos exitoso que el programa con las condicionalidades del organismo y una vez probado el ácido remedio del programa autonómico se volvió también rápidamente a negociar con la institución. El FMI es el culpable de muchas cosas pero no siempre el causante de los problemas. Así lo entiende Brasil, así lo entiende el gobierno uruguayo y no es así como lo entiende el argentino, para el que el FMI es el chivo expiatorio.
Por:JORGE CAUMONT
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